Saga Nórdica de Sergio Badilla cumple 20 años y ya es un libro clásico de la poesí­a chilena. Entrevista

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Con la presencia de los más destacados poetas y escritores de Santiago, La Saga Nórdica, uno de los mejores libros del poeta Sergio Badilla, fue presentado hace 20 años en el Instituto Cultural de Providencia. En esa ocasión habló sobre el libro el poeta Raúl Zurita.

Presentamos una entrevista al poeta Sergio Badilla.

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Por: Mario Pera

Sergio Badilla, es uno de los poetas chilenos más reconocidos de la actualidad. Periodista y antropólogo de profesión, ha vivido una vida dedicada al quehacer literario desde su juventud, en la que compartió una gran amistad con grandes escritores de su paí­s como sus paisanos Juan Luis Martí­nez, Juan Cameron, Raúl Zurita y (naturales de Valparaí­so como él) a quienes conoció en el Instituto Pedagógico de Valparaí­so; así­ como con otros compatriotas suyos Omar Lara, Sergio Infante o Antonio Skármeta, y reconocidos escritores del extranjero como Marin Sorescu, Sun Axelsson, Willy Granqvist y el Premio Nobel de Literatura 2011, el poeta sueco Tomas Tranströmer, con quien cultiva una gran amistad desde 1982.

Es uno de los fundadores del movimiento transrealista como corriente artí­stica, y el principal propulsor y creador de la llamada poesí­a transrealista, un estilo de vanguardia que actualmente cuenta con varios seguidores no sólo en el ámbito poético, sino en el ambiente audiovisual en Chile, Alemania, México, España y Argentina.

En lo personal, Badilla fue exiliado de su paí­s tras el Golpe de Pinochet, en 1973. Desde aquella época vivió en periplo hasta llegar a Estocolmo, ciudad en la que desarrolló una intensa actividad de promoción cultural literaria. Fue parte del célebre Grupo Taller de Estocolmo y fundador de revistas como Pación y Polo Norte. En dicha capital, además, publicó sus primeros poemarios (La Morada del Signo, 1982; Reverberaciones de Piedras Acuáticas, 1985; o Terrenalis, 1989) y libro de cuentos (Más Abajo de mi Rama, 1982), hasta su retorno a Chile, en los noventas.

Su labor de promoción cultural no ha cesado, y ha realizado recitales de poesí­a tales como el que organizó en la Isla de Pascua en 2008, o lecturas en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires y en la Biblioteca del Congreso de Washington – E.E.U.U.

Su obra poética, es conocida por tener una fuerte ligazón con la temática de la poesí­a nórdica, y estar fuertemente influenciado el estilo y contenido de los grandes autores y textos fundadores de esa literatura (las sagas, el Kalevala, etc.), lo que lo ha llevado a desarrollar temas mí­ticos entrelazados con personajes y situaciones del dí­a a dí­a.

Sin duda, resulta muy interesante poder acercarnos a la visión del quehacer poético y experiencias de vida de este importante escritor del vecino paí­s del sur, Chile. Quien no sólo ha desarrollado una extensa obra poética sino, además, en narrativa y teatro, así­ como una amplia trayectoria como periodista cultural literario.

Estimado Sergio, estudiaste la carrera de periodismo y, personalmente, me has comentado que trabajaste como reportero y periodista cultural. En torno a ello, ¿cómo ves el panorama del periodismo cultural, en particular el relacionado a la literatura y a la poesí­a en Chile y Latinoamérica? ¿Cómo ves el nivel de la crí­tica literaria actual?

Efectivamente, estudié periodismo en Chile y luego los avatares del Golpe de Estado de 1973, me llevaron al exilio; primero Argentina, luego Rumania y finalmente Suecia. Trabajé durante trece años en la Radio/televisión sueca, fundamentalmente, en la cobertura de actividades culturales de España y Latinoamérica.

Respecto a la crí­tica literaria actual te puedo señalar, de manera categórica, que no existe. Lo que hay son comentarios de libros, apostillas de textos literarios o panegí­ricos de autores, que hace la prensa para responder a las exigencias de las empresas editoriales o satisfacer a los grupos vinculados al medio. Es lamentable, pero esa es la realidad en general, con escasí­simas excepciones.

Desde muy joven te vinculaste a grandes poetas de tu paí­s, los que pertenecieron a una de las generaciones literarias más prolí­ficas e importantes de Chile, artí­sticamente hablando, de ahí­ tu amistad con poetas como Juan Luis Martí­nez, Raúl Zurita, Eduardo Embry o Juan Cameron y otros grupos literarios chilenos de la década de los ’60. ¿Cómo viviste la poesí­a en aquella época, en tus años de juventud? ¿Cómo influyó e influye en tu poesí­a el ví­nculo con estos grandes poetas de tu paí­s?

Es cierto lo que señalas. Creo que fue una de las épocas más conspicuas aquella de la segunda mitad del siglo XX, y estos fenómenos no se dan por casualidad, sino que están insertos en procesos contundentes.

En nuestro caso, corresponde a la relación privilegiada que tuvimos en la región de Valparaí­so, con la llegada de grupos de inmigrantes europeos que vinieron en la década del 50, huyendo de una Europa devastada. Valparaí­so siempre ha sido una ciudad cosmopolita, aún con su declinación material.

Tengo que destacar, al mismo tiempo, la genialidad de Juan Luis Martí­nez que, siendo el mayor del grupo en esos años de plena adolescencia, ejerció un liderazgo manifiesto al presentarnos, primero, los textos de los simbolistas y posteriormente, los de las vanguardias.

Éramos simplemente unos muchachitos aventurados aún, engolosinados ya con la poesí­a mundial. Luego vendrí­an los diálogos temáticos en las tardes de café en Viña del Mar o Valparaí­so, y en las noches de intensa bohemia en el barrio El Puerto, junto a otros artistas, marineros de diferentes nacionalidades, prostitutas, otros intelectuales y estudiantes.

Sin lugar a dudas, esta época tendrá su consonancia en mi trabajo posterior, porque sembró el germen de una búsqueda que nunca acaba en el universo de la poesí­a.

Eres considerado uno de los creadores del llamado movimiento transrealista poético, un movimiento de vanguardia en la literatura latinoamericana. Dos de tus poemarios se enmarcan en buena medida dentro de los principios de aquel movimiento, me refiero a Cantoní­rico (1983) y Reverberaciones de Piedras Acuáticas (1985). Para quienes no estamos vinculados a esta corriente artí­stica, ¿podrí­as explicarnos el postulado central de los transrealistas? Y en torno ello, ¿existe algún tipo de expresión artí­stica contemporánea a la que podrí­amos calificar de vanguardista, o la vanguardia ya no existe?

En realidad, cuando comencé a perfilar el Transrealismo poético, nunca me formulé la idea de estar dando pie a una expresión que pudiese ser considerada renovadora en la poesí­a. Lo que pensé fue cómo darle un sello más intimista y personal a mi poética, de alguna manera, a calificarme yo mismo en algún «algo poético». Obviamente, siempre suele haber un trasfondo mesiánico en el arte, en lo que se crea; no por nada uno erige algo, un texto, una imagen pictórica, etc., es decir, se propende a la trascendencia del objeto creado.

En cuanto a lo que considero transrealismo poético, en pocas palabras, es la mirada fractal del poeta que lo aprecia todo: pasado, presente y futuro, todo en un mismo corpus que se entremezcla. Así­, por ejemplo, puedo estar hablando de Artemisa, deidad del Panteón griego, y al mismo tiempo de su teléfono celular que suena en el interior del templo, o de mi hermano Pepe que fallece en Paris en 1986, al mismo tiempo que muere Thiers en las barricadas, en 1871.

La idea es desmitificar el mito para volverlo a transformar en un nuevo mito. Es decir, se genera un trastiempo donde se personifican o ejecutan las imágenes y la praxis poética. El texto, en sí­, es pura transitoriedad, porque la realidad inmediata, en su apariencia, nos deriva a otros contextos y nos confunde.

Al salir exiliado de Chile, tras el golpe militar de Pinochet en 1973, residiste en Buenos Aires, Bucarest y Estocolmo. Tiempos difí­ciles que, no obstante, te permitieron conocer a grandes escritores como Antonio Skármeta, Marin Sorescu, Alfonso Alcalde y Omar Lara. ¿Qué recuerdos, qué anécdotas tienes de esas épocas estando lejos involuntariamente de tu paí­s? A su vez, ¿cómo marcaron las vivencias de ese tiempo de exilio a tu poesí­a?

Sin duda ese perí­odo de trashumancia obligado, fue un tiempo difí­cil. A Omar Lara y Skarmeta, los conocí­a ya en Chile. Estando en Buenos Aires, la tierra de mis abuelos maternos, me permitió vincularme a connotados intelectuales argentinos, como el ceso del pintor Luis Felipe Noé, en cuyo departamento de calle Puyrredón y Corrientes, viví­ algunos meses. A ese lugar acudí­an muchos personajes importantes de la historia del arte rioplatense, tales como Carpani, Aizenberg, Seguí­ y los escritores Osvaldo Lamborgini y Rodolfo Walsh, entre otros.

Asimismo, frecuentaba a Skarmeta que vivió durante un tiempo en Vicente López, en las cercaní­as de la estación Doctor Cetrángolo. Recuerdo que Antonio me llamaba la atención por la vida desordenada y bohemia que yo llevaba en Buenos Aires, como poeta nocherniego     que frecuentaba, a menudo, algunos bares tales como el Bárbaro, en calle Reconquista, en conjunto con Miguel Briante o las confiterí­as el Foro o la Paz, en calle Corrientes donde solí­an aparecer, Perlongher o el gordo Soriano.

La Guerra Sucia ya estaba desatada en Argentina, y el año 1975 fui sacado por Naciones Unidas a Rumania, donde ya estaban los escritores chilenos Alfonso Alcalde y Omar Lara. A Marin Sorescu, el gran poeta rumano, lo conocí­ en la Universidad de Bucarest y tuvimos algunas conversaciones, mezclando, en una especie de lingua franca, el castellano y el rumano. Fue una etapa importante conocer otra cultura tan distante, que ha dado grandes nombres como Tzara, Ionesco, Eliade o Cioran.

En lo personal, son las lecturas en otras lenguas, especialmente, las nórdicas, las que ha influido de manera notoria en mi poesí­a.

Tu obra poética tiene un estilo conectado o influenciado por la poesí­a nórdica. Ello pues viviste en Estocolmo – Suecia más de 15 años. Has leí­do a poetas como Gunnar Ekelöf, Paavo Haavikko, Edith Södergran o Pentti Saarikoski, e incluso fuiste cercano a Sun Axelsson, Willy Granqvist y Tomas Tranströmer, entre otros. ¿Cuáles crees que serí­an las diferencias y similitudes entre la tradición poética nórdica y la tradición latinoamericana? ¿Qué poetas nórdicos piensas que es capital conocer para todo aquel que le gusta la poesí­a?

Lo que han señalado algunos crí­ticos literarios, respecto a la influencia nórdica en mi poesí­a, es innegable. La lí­rica de Edith Södergran, Ekelöf y Haavikko, está en mi textura poética, lo noto en esa incitación profética que arranco de esos autores, o en el enfoque quimérico como forma de unir lo metafí­sico con lo material. Además está mi relación con las Sagas y la mitologí­a nórdica en general, los relatos de Snorre Sturlasson o el Kalevala, finlandés.

La diferencia mayor con la textura poética latinoamericana, está en que la emergencia de la literatura nórdica, está, sin duda, enraizada en las Sagas nórdicas; con esa visión iluminada y fantástica de las Eddas, de Beowulfo y de su teogoní­a.

Las similitudes podrí­an estar en cierta perspectiva intimista que tiene una parte importante de la poesí­a nórdica, cuyo máximo exponente, hoy en dí­a, sigue siendo Tomas Tranströmer.

Desde la publicación de tu primer poemario, La Morada del Signo (1982), has publicado otros cuatro. ¿Puedes reconocer tu voz poética en esa primera publicación? Asimismo, ¿manejas un concepto de «corpus» para tu obra, o cada poemario es único y no se vincula a los otros más allá del devenir lógico de tu desarrollo como poeta?

He publicado hasta el momento nueve poemarios, y tengo otros tres sin publicar. Yo creo que hay una constante que se mantiene en todos los libros, que es el atisbo mí­tico, la casualidad de la existencia y la finitud material de la vida. Todo esto mirado con ojo facetado y celestial. Vuelvo a señalar que no puedo evadirme de esa pulsión mesiánica, y por eso escribí­ un libro que me parece substancial para conocer mi obra y que se llama Poemas trasreales y algunos evangelios.

Mi consideración al hablar de corpus poético, en relación a mi poética, se condice con aquello que señala que todo texto, en sí­, es parte de un gran texto total. Esto me hace reflexionar, como Todorov, que hace hincapié en el discurso simbólico, que cualquier texto tiene muchas interpretaciones y diversas formas de ser expresado, siendo parte de un mismo todo. De allí­ entonces que piense que mis libros son variaciones de la misma integridad, pero con matices y enfoques diferentes.

Como he mencionado Sergio, eres cercano al poeta sueco Tomas Tranströmer, Premio Nobel de Literatura del 2011. Lo conociste en 1982 se visitaban continuamente, e incluso llegaste a traducir algunos de sus poemas. ¿Qué nos puedes comentar de ese poeta fundacional que es Tranströmer en la literatura nórdica? ¿Se hizo justicia con uno de los más grandes poetas vivos al otorgarle el mayor premio que un escritor puede recibir?

Así­ es. También decí­a antes que es una de las voces más representativas de los paí­ses escandinavos, por su carácter recóndito, í­ntimo, ese tono intrí­nseco que tiene que ver con la naturaleza de las cosas.

Yo considero que al otorgársele el Premio Nobel se hizo justicia, no sólo con él, sino con una pléyade de poetas que tiene una tradición similar y una voz que singulariza la poesí­a intimista, por encima de la poesí­a de parapetos o la poesí­a de transacción.

Te has desempeñado como escritor (de poesí­a, narrativa, ensayo y teatro), traductor, periodista y profesor universitario. Todos son trabajos relacionados a la necesidad de expresar ideas, información, emociones, etc. En predominancia todas estas labores se han vinculado a la promoción cultural. ¿Cómo has hecho para concordar tu vida laboral con tu pasión por la escritura? ¿Has tenido temporadas en las que has decidido dejar la vorágine laboral para dedicarte por entero a la creación literaria o poética?

He pasado épocas largas, llamémoslas sábaticas o de lasitud intelectual, dedicado casi exclusivamente a la lectura y a escribir. En esos perí­odos dictaba cursillos o hací­a talleres literarios para sobrevivir. Le pido perdón a mis hijos por no haberles dado más, porque nunca he sido una persona que le interesen los bienes materiales, ni tampoco me ha esmerado en conseguir más de lo necesario. Homero ya decí­a en la antigí¼edad que el dinero embanca el plectro y te hace ofensivo.

En una declaración tuya sobre la poesí­a, leí­ que piensas que la poesí­a ahora «es una forma de expresar la insania» y que el poeta es un «sujeto eventual que lo motivan las incidencias, las casualidades de la vida, las quijotadas del albur». ¿De alguna manera consideras que ha cambiado la forma en la que la sociedad, quienes no escriben, ven a la poesí­a y a la labor del poeta? ¿Te has enfrentado al estereotipo del poeta bohemio, atribulado, casi un vago, a lo largo de tu carrera?

También lo deje entrever anteriormente, por mucho que le pongamos nombre a la poesí­a, y en eso me incluyo, aunque se exprese que la literatura escrita está agonizando, porque han surgido otras formas de expresión «poética» que son más llamativas, desde el punto de vista escénico–lúdico, la poesí­a, digamos, convencional, la que se escribe, la que se lee, seguirá teniendo seguidores y adeptos.

Y por eso repito una vez más, lo que he dicho ya hace muchos años: el poeta es un sujeto imprevisto que se implica en los acontecimientos, que se sumerge en las contingencias de la vida, en los avatares de la casualidad, porque siente que de otra manera serí­a imposible y por eso escribe y para ello vive.

Has participado en numerosos festivales internacionales de poesí­a. Ahora participarás en el II Festival Internacional de Poesí­a de Lima (II FIP Lima). ¿Has estado antes en el Perú? ¿Qué expectativas tienes de este nuevo festival?

He estado en el Perú cuatro o cinco veces antes, soy parte de esa tradición que dejó con su pluma Vallejo, Eielson, César Moro, Westphalen, Carlos G. Belli y Blanca Varela.

Conocí­ también mucho a Sologuren y fundamentalmente a Cisneros, con quien tengo unas cuantas historias divertidas y fraternales. Cómo olvidar las noches en el Queirolo, en Quilca y Camaná. Entre los de mi generación y después Hinostroza, Chirinos, Montalbetti, Zapata y Sandoval.

Y para mí­ será un placer enorme estar en el II Festival de Poesí­a de Lima, porque reúne a poetas con trayectoria y a poetas jóvenes, con estilos trascendentes y multifacéticos.

Finalmente, estimado Sergio, ¿tienes algún proyecto de publicación en ciernes del que nos puedas hablar en primicia? ¿Algo que quisieras añadir?

¡Ah claro! Te mencionaba algunos libros inéditos que me gustarí­a publicar; Kalahuala (como paráfrasis del Kalevala, finlandés) y Mandalay (o Camino a Benares). Gracias por la entrevista.