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lunes, enero 26, 2026

Arturo Prat y Miguel Grau. La secreta nobleza individual

CulturaArturo Prat y Miguel Grau. La secreta nobleza individual

La familia Prat y la familia Grau vienen de dos pueblos catalanes ubicados a una hora y media de distancia, Sitges y Santa Coloma de Farnés. A fines del siglo XIX, Miguel Grau y Arturo Prat combatieron en el Pací­fico hasta hundirse en el océano sin arriar sus banderas. Al morir Prat, Grau escribió  una carta a la viuda de Prat, Carmela Carvajal. Según el escritor peruano Fernando Iwasaki eso se llama seny catalán. Seny es una palabra muy catalana que significa cosas delicadas y profundas como la firmeza de sentimientos o el disculpar generoso ante la ofensa.

La secreta nobleza individual

Por Fernando Iwasaki

El héroe más grande de la historia peruana es el almirante Miguel Grau, muerto en combate en 1879. En mi paí­s lo recordamos como «El Caballero de los Mares», porque tuvo el detalle de recoger las pertenencias de su enemigo  caí­do para enviárselas a su viuda, acompañadas de una sentida carta de pésame donde ponderaba el valor de quien hasta hoy es el máximo héroe de la armada chilena, el almirante Arturo Prat. La familia de Grau era originaria de Sitges, Cataluña, y los Prat habí­an llegado a Chile desde Santa Coloma de Farnés.  La viuda de Prat responde a la carta de Grau para agradecerle desconsolada el gesto de «asociarse a mi duelo» y «las nobles palabras con que se digna honrar la memoria de mi esposo». Grau murió en combate cuatro meses después de recibir la respuesta de la viuda de Prat, pero leyendo aquella correspondencia de compungida elegancia he comprendido lo que es el seny catalán.

Me conmueve intuir que aquellos héroes que pelearon en el Pací­fico bajo dos  banderas diferentes, -una senyera chilena y una senyera peruana- conocí­an sus obligaciones con la familia del que iba a morir. Sin embargo, aquel acto de secreta nobleza individual no surgió de ninguna identidad nacional, porque, ante el estupor inexorable de la muerte, Grau y Prat solo actuaron como dos hombres libres y dos caballeros antiguos, acaso porque aquella era la única manera de ser dos catalanes del Nuevo Mundo.

(Republicanos: cuando dejamos de ser realistas / Fernando Iwasaki. Algaba ediciones.)

 

Carta de Miguel Grau a Carmela Carvajal Vda. de Prat

Monitor Huáscar

Al ancla, Pisagua, Junio 2 de 1879 Digní­sima señora:

Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a Ud. y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy justamente debe dominarla. En el combate naval del 21 pasado que tuvo lugar en las aguas de Iquique, entre las naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el capitán de fragata don Arturo Prat, comandante de la «Esmeralda», como usted no lo ignorara ya, fue ví­ctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria. Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso y triste deber de enviarle las para usted inestimables prendas que se encontraron en su poder, y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas le servirán indudablemente de algún consuelo en medio de su desgracia y por eso me he anticipado a remití­rselas.

Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro, señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respetos con que me suscribo de usted, señora, muy afectí­simo seguro servidor.

Miguel Grau

Carta de Carmela Carvajal, la viuda de Prat, a Grau

Señor don Miguel Grau

Distinguido señor:

Recibí­ su fina y estimada carta fechada a bordo del «Huáscar» en 2 de junio del corriente año. En ella, con la hidalguí­a del caballero antiguo, se digna usted acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo, y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraban sobre la persona de mi Arturo, prendas para mí­ de un valor inestimable por ser, o consagradas por su afecto, como los retratos, o consagradas por su martirio como la espada que lleva su adorado nombre.

Al proferir la palabra martirio no crea usted señor, que sea mi intento inculpar al jefe del «Huáscar» la muerte de mi esposo. Por el contrario, tengo la conciencia de que el distinguido jefe que, arrostrando el furor de innobles pasiones sobreexcitadas por la guerra, tiene hoy el valor, cuando aún palpitan los recuerdos de Iquique, de asociarse a mi duelo y de poner muy alto el nombre y la conducta de mi esposo en esa jornada, y que tiene aún el más raro valor de desprenderse de un valioso trofeo poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario por el hecho mismo de no haber sido jamás rendida; un jefe semejante, un corazón tan noble, se habrí­a, estoy cierta, interpuesto, de haberla podido, entre el matador y su ví­ctima, y habrí­a ahorrado un sacrificio tan estéril para su patria como desastroso para mi corazón.

A este propósito, no puedo menos de expresar a usted que es altamente consolador, en medio de las calamidades que origina la guerra, presenciar el grandioso despliegue de sentimientos magnánimos y luchas inmortales que hacen revivir en esta América las escenas y los hombres de la epopeya antigua.

Profundamente reconocida por la caballerosidad de su procedimiento hacia mi persona y por las nobles palabras con que se digna honrar la memoria de mi esposo, me ofrezco muy respetuosamente de usted atenta y afma. S.S.

Carmela Carvajal de Prat

 

 

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