31 - agosto - 2025

«La luna menguante, pone cabelleras amarillas a las amarillas torres». Federico García Lorca

Uno de los poemas más destacados y que mejor utiliza la imagen de la luna menguante es «Muerto de amor,» de Federico García Lorca, perteneciente a su célebre obra «Romancero gitano» (1928).

En «Muerto de amor» dialogan las voces de una madre y un hijo enamorado, que va a morir.

Federico García Lorca hace alusión directa a la luna menguante con el valor estético. Un ejemplo de esto lo encontramos en el romance «Muerto de amor,» donde escribe:

Ajo de agónica plata

la luna menguante

pone cabelleras amarillas

a las amarillas torres.

Aquí, la luna menguante se asocia directamente con la agonía y la muerte. Su luz plateada y débil «pone cabelleras amarillas» en las torres, creando una imagen lúgubre y espectral. El «ajo de agónica plata» refuerza la idea de una luz pálida y enfermiza, ligada al final de la vida.

La maestría de Lorca reside en su capacidad para infundir a la luna menguante un simbolismo profundo y fatalista, convirtiéndola en un presagio de la muerte que acecha y, al mismo tiempo, en un elemento de belleza sombría. Este uso poético de la luna menguante es uno de los más célebres y estudiados en la literatura española.

La luna menguante en la poesía

La luna menguante, con su forma de hoz que se va reduciendo hasta desaparecer, ha sido un elemento poético recurrente a lo largo de la historia. A diferencia de la luna llena, que suele simbolizar plenitud, romanticismo y misterio, la luna menguante posee un valor estético más complejo y melancólico. Su significado en la poesía a menudo se asocia con:

  • El paso del tiempo y la fugacidad: Su desaparición gradual simboliza la decadencia, la pérdida y el fin de los ciclos. Representa el inexorable avance del tiempo, la vejez y la muerte. Poetas la usan para evocar la nostalgia por un pasado que se desvanece.

  • La tristeza y la melancolía: La luz tenue y su forma menguante evocan sentimientos de soledad, dolor y pena. Es una imagen que acompaña la angustia del alma y los corazones rotos.

  • La reflexión y la introspección: Su aparición en la oscuridad de la noche invita a la meditación, al recogimiento y a la búsqueda interior. Es una guía silenciosa para el poeta que explora sus pensamientos y sentimientos más profundos.

  • Un nuevo comienzo: A pesar de su asociación con el final, la luna menguante también puede simbolizar la esperanza. Su desaparición total, la luna nueva, es el presagio de un nuevo ciclo de vida. De esta manera, puede representar la purificación, la renovación y la posibilidad de renacer después de un periodo oscuro.

La luna menguante no es solo un objeto estético, sino también un poderoso símbolo que permite a los poetas explorar las profundidades de la experiencia humana, desde la melancolía y la pérdida hasta la esperanza y la renovación. Su valor radica en su capacidad para evocar una amplia gama de emociones, lo que la convierte en una herramienta poética única.

MUERTO DE AMOR (Romancero Gitano)

A Margarita Manso

¿Qué es aquello que reluce
por los altos corredores?

Cierra la puerta, hijo mío;
acaban de dar las once.

En mis ojos, sin querer,
relumbraban cuatro faroles.

Será que la gente aquella
estará fraguando el cobre.

Ajo de agónica plata
la luna menguante, pone
cabelleras amarillas
a las amarillas torres.

La noche llama temblando
al cristal de los balcones,
perseguida por los mil
perros que no la conocen,
y un olor de vino y ámbar
viene de los corredores.

Brisas de caña mojada
y rumor de viejas voces
resonaban por el arco
roto de la medianoche.

Bueyes y rosas dormían.
Sólo por los corredores
las cuatro luces clamaban
con el furor de San Jorge.

Tristes mujeres del valle
bajaban su sangre de hombre,
tranquila de flor cortada
y amarga de muslo joven.

Viejas mujeres del río
lloraban al pie del monte
un minuto intransitable
de cabelleras y nombres.

Fachadas de cal ponían
cuadrada y blanca la noche.
Serafines y gitanos
tocaban acordeones.

Madre, cuando yo me muera,
que se enteren los señores.
Pon telegramas azules
que vayan del Sur al Norte.

Siete gritos, siete sangres,
siete adormideras dobles
quebraron opacas lunas
en los oscuros salones.

Lleno de manos cortadas
y coronitas de flores,
el mar de los juramentos
resonaba no sé dónde.

Y el cielo daba portazos
al brusco rumor del bosque,
mientras clamaban las luces
en los altos corredores.

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